Para celebrar sus 40 años la putona de mi tía Sandra quiso sentir una verga joven y aguantadora exprimiéndole la papaya.

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Mi tío es adicto al trabajo y a la cheva, lo que lo ha vuelto impotente según cuentan en la familia. Pero para cumplir su cumpleaños cuarenta decidió dejar de ser la señora decente y convertirse en una putita ansiosa por recuperar el tiempo perdido esperando a que mi tío cambiará. Le dijo a mi mamá que me necesitaba para que le ayudara a mover unos muebles y, apenas entré a su cantón, lo primero que vi fue la deliciosa imagen de mi tía en ropa interior, mostrando sus deliciosas carnes bien conservadas por el ejercicio a pesar de su edad. Me dijo “¿puedes mantener un secreto? Estoy cansada de meterme los dedos para no enloquecer por la falta de sexo, pero quizás tú puedas ayudarme”, mientras se arrodillaba para liberar mi verga del pantalón que ya estaba dura como piedra.


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